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Zoey...
Soy Zoey. Una escritora de novelas románticas, una chica geek y una extraordinaria cachonda. Nunca he conocido una situación que no pudiera hacer más incómoda o un hombre ante el que no pudiera avergonzarme.
Por ejemplo, estaba haciendo mis necesidades en los arbustos después de una caminata muy larga por la montaña. Solo para acusar de espiarme al sexy sheriff que se detiene para ayudarme.
Pero Brock no es como todos los demás. Me mira y ve algo que le gusta. Aun así, esto entre nosotros es demasiado bueno para ser verdad, ¿cierto? Después de todo, escribo cuentos de hadas. No los vivo.
Brock...
Zoey no es la típica turista que conozco. Es joven, adorable y muy dulce. Definitivamente demasiado dulce para las cosas sucias que tengo en mente cuando veo ese lindo trasero.
Solo está de paso, lo que significa que esto solo puede ser un romance de escapada. Excepto que, eso no me sienta bien.
Antes de que se vaya, planeo mostrarle a esta novelista hermosa que quiero protagonizar la historia de amor de su vida. ¿Me dejará ser su príncipe azul este día de San Valentín?
Lo que sucede en el retiro anual de escritoras se queda en el retiro... excepto los lazos que estas autoras forjan y las historias que cuentan. Pero alguien olvidó mencionarles eso a los hombres de los que se enamoran en el impresionante lago Tahoe.
Clover.
Es una taberna pequeña, solo venden cerveza artesanal y hay una vista de las montañas que no me canso de disfrutar. Se suponía que era el lugar perfecto para relajarse. Y creo que lo habría sido si el hombretón barbudo al otro lado del bar hubiera dejado de mirarme. Dios, me dobla la edad. Aun así, se ve muy sexy con una guitarra en la mano, rasgueando al ritmo de la banda en el escenario. Debería saludarlo después de esta actuación. No, debería evitar el contacto visual a toda costa. De hecho, quizás le sonría un poco a ver qué pasa. Al fin y al cabo, estoy de vacaciones.
Atlas.
Es demasiado joven para estar devorándola con los ojos. Lo sé al instante, pero no puedo evitarlo. Tiene una mirada dramática que dice que tiene una historia que contar, y quiero saberlo todo. Dicho esto, estoy seguro de que ni siquiera me dará la hora. Mis amigos me dicen todo el tiempo que soy de lo más brusco que hay. Le echo la culpa a mi trabajo. Mi día a día se traduce en conversaciones poco elocuentes. Aun así, hay algo que me atrae de ella y, con o sin sutilezas, no puedo dejar escapar esta oportunidad.
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