
En cuanto regresó a la ciudad, supe que tenía que tenerla. No me importa que sea la hija de mi capitán ni que siga rechazándome. Sé lo que quiero, y es a ella. No pararé hasta que sea mía.
Intento resistirme, pero mis esfuerzos son inútiles. Son esas manos grandes y callosas y su tacto delicado. Es la forma en que me mira y la firmeza con la que insiste en que soy a quien quiere. Es la forma en que me ve a través de mí y sabe que él es todo lo que deseo.
Saltan chispas, y es solo cuestión de tiempo antes de que choquen.
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