Ya tenía una vida. Un futuro. Un hombre al que le había prometido amor eterno.
Pero la noche que encontré a Chase Rhodes —sangrando, destrozado y más perdido que yo— todo cambió.
No debía dejarlo entrar. No debía componer música con él en secreto bajo la luna.
Lo que empezó como una escapada tranquila se convirtió en algo imparable. Nuestras canciones ardieron y ahora el mundo entero conoce nuestros nombres.
La música tiene el poder de unir a los rotos, incluso cuando el momento es imposible y las consecuencias inevitables.
Pero algunos corazones no se conforman. Algunas canciones nunca estuvieron destinadas a permanecer en silencio.
Porque la noche que lo salvé fue solo el principio.
Y amarme podría ser el último riesgo que tome.
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