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Serena.
Él es la tormenta de la que debería huir.
Un hombre hecho de sombras y violencia.
Lorenzo Moretti no pertenece a mi mundo y, sin embargo, cada vez que me toca, me olvido de quién soy.
No solo me desea.
Quiere poseerme.
Encadenarme.
Y me aterra lo mucho que lo ansío.
Lorenzo.
Nunca se supuso que fuera mía.
La princesa de una familia que debería odiar, la única debilidad que no puedo eliminar de mi vida.
Serena Beaumont es inocencia envuelta en fuego, y me quema vivo.
Me dije a mí mismo que la arruinaría.
Que la destruiría.
Que la quebraría.
Pero no puedo dejar de desearla.
Y cuando la traición llega envuelta en su nombre, no sé si mataría por ella…
O por su culpa.
Mentiras. Cadenas. Sangre.
En nuestro mundo, el amor no es un cuento de hadas, es una maldición.

Serena
Lorenzo Giovanni Moretti mató a mi papá.
Hay explicaciones. Hay razones. Y hay secretos que ni siquiera quiero conocer.
Ninguna de ellas cambia lo que pasó.
Al dolor no le importa la lógica. No le importa la justicia. Solo le importa lo que me quitaron. Y algo dentro de mí se rompió la noche en que apretó el gatillo.
Así que hui. Del dolor. De las mentiras. De esos ojos azules que aún me persiguen cada vez que cierro los míos.
Pero el mundo fuera de Lorenzo Moretti es más oscuro de lo que jamás imaginé. Y cuando me encuentro atrapada en una pesadilla que ni todo el dinero ni todo el poder del mundo pueden arreglar, me doy cuenta de algo aterrador:
El único hombre capaz de salvarme…
Es el mismo hombre que me destruyó.
Y no sé si quiero que él me salve.
Lorenzo
Hice lo que había que hacer.
Sabía que me costaría algo. Simplemente no esperaba que el precio fuera ella.
Serena tenía todo el derecho a alejarse.
Que Serena desapareciera era algo completamente distinto.
Ahora cada llamada sin contestar, cada puerta cerrada, cada milla que nos separa se siente como una amenaza.
Hay fuerzas en juego que ella no ve. Decisiones ya tomadas. Límites ya cruzados.
Y ya me cansé de quedarme quieto.
No voy a justificarme.
No voy a suplicar.
Pero voy a arreglar esto.
Cueste lo que cueste
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