Una subasta de novias.
Un Roc que no ha sido tocado en doscientos años.
Un nido que construye alrededor de ella mientras duerme.
Wren.
Cuando el acreedor de mi tío levanta la paleta para reclamarme, hago lo único imprudente —lo único imposible— que podría salvarme.
Elijo al monstruo que espera en las sombras. Tavrin no es nada parecido al horror que imaginé.
Llena mi habitación con libros de los que solo había susurrado una vez. Me trae té antes incluso de que sepa que lo quiero. Y cuando cree que estoy dormida, construye un nido alrededor de mi cuerpo, colocando cada libro según cuánto lo amo.
Me observa como si yo fuera un tesoro que ha pasado toda una vida buscando.
Pero todavía no puedo refugiarme en esa seguridad. Aún no.
Tavrin.
La compré para liberarla. Ahora soy yo quien está perdido.
El vínculo de pareja se cierra de golpe… y la transformación comienza. Alas rompiendo la piel.
Instintos que se reducen a una sola necesidad: reclamar, proteger, conservar.
Pero el tío de Wren amenaza a la única familia que le queda.
Y para salvarlas, debo elegir entre dos imposibles.
Dejarla marchar.
O despedazar esta maldita ciudad para traerla —a ella y a su hermana— de vuelta a casa.
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