1

Tito Mangione gobierna la ciudad con manos llenas de sangre. Pocos se atreven a cruzarse en su camino, y menos aún sobreviven para servir de escarmiento al resto.
¿Debilidades? Aniquiladas. ¿Bondad? ¡Ja! No hay espacio para la bondad en el mundo de Tito Mangione. No hay lugar para la delicadeza ni para la compasión.
Y, definitivamente, no hay lugar para un hijo gay.
Entonces, ¿qué se supone que debo hacer? No puedo permitir que el Don del centro conozca mis verdaderos deseos. Algún día lo heredaré todo, pero no quiero nada de eso. Ni el dinero, ni el negocio familiar, ni el poder.
Lo que quiero es a Aron.
Ha sido mi compañero desde que era niño. Su padre escolta al mío y somos inseparables. Él es el único que me comprende, el único que conoce la vida en la que nací.
El único que conoce mi secreto.
Sin embargo, todo rey debe caer, y cuando llegue el momento de Tito, me tocará a mí cargar con el peso del mando, liderar al Sindicato a través de la tragedia.
Será mi turno de gobernar.
2

Mi padre se ha ido, mi amante ha desaparecido y la guerra se vislumbra en el horizonte.
Un nuevo imperio amenaza todo lo que mi padre luchó por construir, todo lo que me he esforzado por mantener en su ausencia. Flaqueo y tropiezo, a la deriva sin la única persona que me mantiene estable, que me sirve de ancla.
La única persona que me ama.
Las mentiras y los secretos me rodean, envolviendo lentamente mi mundo y a todos los que están en él. No hay nadie en quien confiar, nadie en quien pueda apoyarme.
Si voy a sobrevivir a esta batalla, debo cambiar mi proceder. Endurecerme, negar mis emociones, blindarme contra el dolor.
Tengo que convertirme en el hombre que mi padre quería que fuera.

3
Matteo Mangione era mi salvación. Mi obsesión. Mi corazón.
No quería esto. No quería que me arrojaran en medio de una guerra entre el Sindicato de Matt y mi imperio recién heredado. Todo lo que quería, todo lo que necesitaba, era a Matt.
Hasta que, bueno, los pecados de nuestros padres cayeron sobre nuestros hombros. Ahora, nuestro mundo está en constante cambio, con oscuros secretos saliendo a la luz que amenazan con destruirnos a ambos.
«Inquieta yace la cabeza que porta una corona».
Dos coronas. Dos reyes.
Solo uno puede ganar.
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