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Mi nuevo trabajo como fisioterapeuta de los Ice Intruders debía ser un reto, pero jamás habría esperado que se convirtiera en una lucha constante. Y mucho menos con Mason Carter, el huraño capitán del equipo, que parece decidido a deshacerse de mí cuanto antes.
Saltan chispas entre nosotros en cuanto estamos en la misma habitación, y, por desgracia, tengo que ocuparme a diario de su hombro destrozado, que necesita reposo en lugar de constantes choques con los enforcers rivales.
Mason y yo, a solas en una habitación, no puede acabar bien durante mucho tiempo. Primero vuelan los trapos sucios y luego la ropa…
Y cuanto más intentamos ignorarnos, más rápido volvemos a chocar.
Pero no he venido a Nueva York para que me rompan el corazón. Ni para que me despidan, porque las relaciones dentro del equipo están prohibidas y el entrenador encadena un mal día tras otro.
Por mucho que Mason me mire con esos ojos oscuros y susurre: —Te estás metiendo en terreno muy peligroso, Annie.
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