
El presagio del miedo, el depredador de la noche…
Me deleito con el terror humano, bebiendo sus gritos como el néctar más dulce. Pero cuando atravieso el portal hacia su habitación y escucho sus gritos de placer, un hambre primigenia y mucho más oscura se apodera
de mí. Ahora me pertenece. Necesito oírla gritar así otra vez, y lo haré, aunque tenga que destrozarla.
La mujer robada de su mundo y arrojada a un reino de pesadillas…
Lo sentí: ojos que me observaban desde la oscuridad, dorados e inexpresivos desde las sombras de mi armario. El pensamiento me recorrió un escalofrío, transformándose en algo ilícito mientras dejaba que mis dedos vagaran. Pero cuando se abalanzó sobre mí, arrastrándome a su mundo frío y despiadado, la emoción se convirtió en terror.
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