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Y yo que pensaba que los bomberos apagaban incendios.
Me pareció una decisión inteligente estacionar mi food truck frente a un grupo de bomberos hambrientos.
No tenía ni idea de que estos tíos bestiales fueran de la Unidad Monstruosa.
Ni de que Lucian, el jefe de bomberos, fuera un sabueso del infierno capaz de incendiarme el alma con una sola mirada sensual.
Menos mal que tiene una manguera de incendios enorme…
Aun así, enamorarme de un demonio del inframundo es lo último que necesito ahora mismo. Mi ex conspirador ha vuelto a la ciudad, mi negocio va a la deriva y hay un concurso de cocina que no puedo permitirme perder.
Pero cuando Lucian y yo nos vemos en situaciones demasiado picantes incluso para los paladares más experimentados, ¿qué le voy a hacer?
Empeñar el brazalete de mi abuela se suponía que sería temporal, no una atadura contractual con un Naga impresionante.
Ahora estoy pagando mi deuda en la casa de empeños de Sundar, intentando no mirar fijamente su poderosa cola ni imaginar todas las perversas maneras en que podría acorralarme con ella...
Pero Sundar no solo es difícil de resistir, es imposible de interpretar. En un momento es de sangre fría y controlado. Al siguiente, sus instintos posesivos me aprietan más que su cola enroscada.
Sé que no debo enamorarme de mi jefe. Pero cuanto más tiempo paso bajo su mirada dorada, más me pregunto... ¿Qué pasa cuando una Naga decide quedarse con lo que es suyo?
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