Dicen que los polos opuestos se atraen,
Ay, ojalá se equivocaran…
En cuanto Ford Branson cruza la puerta de mi despacho de abogados, sé que va a traer problemas.
Un médico privado de lujo, rico y jodidamente guapo, cree que lo tiene todo al alcance de la mano.
Y esos dichosos dedos puede que le hayan metido en un buen lío, cuando una paciente adinerada le acusa de comportamiento inapropiado.
Viene a mí suplicando mi ayuda, jurando por activa y por pasiva que jamás la tocó, y, a pesar de la horrible primera impresión que me causó, le creo.
Jornadas interminables en el despacho y reuniones a horas imposibles hacen que sea difícil seguir diciéndome que me cae mal.
Resulta que Ford es en realidad un buen tipo: encantador, atento y está buenísimo.
Y muy pronto tendré que enfrentarme a mi propio dilema profesional,
Porque ahora estoy embarazada del hijo de mi cliente.
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