jueves, 9 de julio de 2026

Nashville rampage




Corie.
Knox Beckett es la definición de “rompecorazones con casco”. También es el mejor amigo de mi hermano... y está tan fuera de mi alcance que resulta intocable.
Pero unas miradas furtivas se convierten en un reencuentro inesperado que nos descoloca a ambos.
Las reglas eran claras. Solo decidimos no seguirlas.
Nos ocultamos, en un juego de engaños, nos enredamos en la intimidad, fingiendo que esta trampa no puede explotar nuestra vida en mil pedazos.
Knox se ha metido bajo mi piel, y se está abriendo camino directo a mi corazón. Esté lista o no, es hora de hacer la jugada.
Knox.
Es la última chica que debería desear: la hermana de mi mejor amigo. Pero ya no es una niña. Está hecha toda una mujer... y me está mirando como si supiera exactamente lo que quiere.
El segundo en que Corie choca conmigo, con ese bikini diminuto y su piel bronceada, sé que estoy perdido.
No debería mirar. Y mucho menos tocar. Pero mis manos ya están en su cintura, y si me quedo un segundo más, haré algo de lo que podríamos arrepentirnos.
Lo que hago es aún peor: la ayudo a conseguir un trabajo en el equipo. Mi equipo.
Se ha instalado en mi mente, en mi camino, y ya no puedo sacarla. Mi autocontrol es una infracción que el destino está a punto de cobrarse. Porque Corie es más que una simple prohibición; es la línea que juré no cruzar, y me estoy lanzando hacia ella sin mirar atrás.
Arriesgaría la temporada, y toda mi carrera, solo por ella. Solo por hacer la jugada.


Rowan.
Juré que jamás volvería a mirar dos veces a un jugador de fútbol americano, especialmente después de apenas sobrevivir al último. Pero cuando mi ex abusivo es transferido al equipo para el que trabajo, mi pasado regresa para atormentarme.
Justo a tiempo, la estrella del equipo, Landry Reynolds, sale al rescate y anuncia que es mi novio. Mis emociones me dominan y me sorprendo siguiéndole la corriente.
Es encantador, atrevido y demasiado convincente. Cuanto más tiempo pasamos juntos, más difícil se vuelve recordar que todo es una mentira.
Puede que me esté enamorando de mi novio falso, pero no puedo tenerlo de verdad. Podría perder todo lo que por fin he logrado, y eso da más miedo que me rompan el corazón otra vez.
Landry.
No era mi intención involucrarme. Simplemente no podía quedarme mirando cómo ella se encogía frente a él una vez más, no después de saber por lo que la hizo pasar.
Así que hice lo que mejor se meda: ejecuté la jugada y le dije que ella era mía. Ahora no puedo dejar de pensar en lo bien que se sintió esa pequeña mentira piadosa. En lo bien que se siente ella.
Es muy probable que nunca haya estado fingiendo.
Todo comenzó como una forma de protegerla. Jamás imaginé que sería tan difícil mantener mis manos lejos de ella. Aunque, pensándolo bien, nunca he sido muy bueno para seguir las reglas.




Bellamy.
Vi cómo el matrimonio de mis padres se desmoronaba cuando mi padre eligió el fútbol americano sobre la familia. Su amor por el juego nos destruyó. Es por eso que lo detesto. También es por eso que no confío fácilmente.
Así que cuando conozco a un apuesto extraño en el bar de un hotel, solo intercambiamos los nombres de pila. Estoy a kilómetros de casa y nunca volveré a verlo.
Hasta que lo hago. En un evento familiar con mi papá, él está allí; mi hombre misterioso de hace semanas. Solo que ahora, sé quién es: un jugador de fútbol americano en el equipo de mi padre. Lo que significa que necesito olvidarlo... y a su ala cerrada.
Reid.
La noche en que conocí a la belleza de cabello oscuro en el bar, todo cambió. Hablamos, reímos y nuestra conexión fue diferente a cualquier cosa que haya sentido antes. A la mañana siguiente, ella se ha ido, dejándome solo con su nombre.
Pienso que la he perdido, hasta que entra en mi estadio, parada justo al lado de mi entrenador. El destino me da una segunda oportunidad y no voy a dejarla pasar.
Para ella, solo soy otro jugador de fútbol americano. Pero le demostraré que no soy su padre... soy mi propio hombre. Y mi chica ideal, ella estaba destinada a ser mía.


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